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Sábado 19 de Mayo de 2012

Crónica de un robo anunciado

vegas_1Las Vegas, Nevada.- Desde que partimos del aeropuerto de Yuma rumbo a Las Vegas, Nevada, el sábado 12 de noviembre por la mañana, comentamos que para que Juan Manuel Márquez ganara la pelea tenía que noquear a Manny Pacquiao.

Y aunque realmente Márquez fue quien ganó el combate, al menos 9 de los 12 rounds, el hándicap y la “mafia” del box operaron a favor de Manny.

Bajo el lema de what happens in Vegas, stays in Vegas (lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas), el grupo de amigos partió en una lujosa limousine negra como la noche y llegaron al MGM como todos unos artistas de cine, en especial Maikili Soto, quien portaba un “tandito” como los que usaba Al Capone.

La comitiva, integrada por los hermanitos Luis Carlos y Daniel Valencia, el ingeniero Enrique Carrasco, el Chacho Flores, Miguel Soto y el reportero de CONTRASEÑA llegó partiendo plaza al imponente casino, lleno hasta las lámparas.

Con los boletos en mano (el más baratito de 600 dólares) y luego de hacer una parada técnica para comprar cerveza, nos ubicamos en nuestra respectiva butaca para disponernos a disfrutar el banquete boxístico de esa noche, con la fe puesta en que Márquez saldría victorioso de la batalla.

Luego de la decepcionante presentación del “Cepillo” Joel Casamayor, quien sucumbió ante los bombazos de Timothy Bradley, el presentador estelar de la noche, Michael Buffer soltó su clásico “Let´s get ready to rumbleeeee!, con lo que encendió el ambiente,  la arena poblada con un 70 por ciento de mexicanos, el resto, dividido entre filipinos, negros, americanos, indios y japoneses, entre ellos montones de muchachas guapas, todas tirando estilo.

El primero en salir fue el mexicano, quien portaba en el calzoncillo blanco el logotipo del PRI, un día antes de las elecciones en Michoacán en donde precisamente ganó ese partido.

De fondo, la música de Vicente Fernández, “a mí no me asustan tipos lenguas largas, que sólo presumen para apantallar, yo soy de los hombres que no temen nada, y aunque esté perdido no me sé rajar”, como presagio de la gran pelea que estábamos a punto de ver.

Como en la película de Rocky III, bajo los acordes de The Eye of the Tiger, interpretada en vivo por el vocalista de Survivor (lo que le queda de voz), el hasta entonces invencible Manny Pacquiao fue ovacionado por el público estadounidense, abucheado por la mexicanada, entre los que se encontraba Cristian Castro, quien entonó con potente voz el Himno Nacional, coreado por miles de gargantas.

Desde el primer campanazo, el apoyo para el boxeador mexicano se manifestó con intensidad por los aficionados, quienes animaban a Márquez con los gritos de “¡México, México!”, en especial a partir del tercer round, cuando los púgiles comenzaron a intercambiar golpes.

Acostumbrado a avasallar a sus rivales, el Pac-Man se mostró confundido porque nunca pudo conectar sólidamente a Márquez, a quien ya había mandado a la lona en cuatro ocasiones en sus dos anteriores peleas.

Round por round, el mexicano impuso su estilo de boxeo, casi siempre al contragolpe, aunque en varias ocasiones tomó la iniciativa con una serie de combinaciones, aprovechando su estupenda preparación física a pesar de sus 38 años.

A ratos floja, nada que ver con las dos batallas anteriores, en donde se dieron hasta con la cubeta, sangrantes los rostros por las huellas de la refriega, en la tercera entrega los boxeadores se mostraron excesivo respeto mutuo, provocando de repente una que otra silbatina.

Para el séptimo round, cuando las peleas se comienzan a hacerse maduras, ya se notaba que esa no era la mejor noche de Manny Pacquiao y menos porque Juanma andaba inspirado y cómo no si su gente le cantó hasta el Cielito Lindo, con dedicatoria para el de Filipinas: “Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, porque cantando se alegran cielito lindo, los corazones…”.

 Para el noveno y décimo round el réferi Tony Weeks desapareció prácticamente del cuadrilátero, toda la arena expectante ante el claro dominio de Márquez, quien le abolló la corona a Pacquiao, con varias cortadas en el rostro, y de pasada le borró la sonrisa al filipino.

Los últimos dos rounds, que son los que impresionan a los jueces, Juan Manuel Márquez no forzó la batalla, siguiendo las instrucciones que desde su esquina le dictaba Nacho Beristáin, porque sentían que ya tenían ganada la pelea y no tenía caso trenzarse con Manny.

Los gritos de “Sí se puede” cambiaron por los de “Sí se pudo”, toda la gente calientita festejando de manera anticipada lo que para entonces ya era una hazaña, haber terminado de pie y prácticamente luego de doce rounds de intenso boxeo.

Mientras que Juanma festejaba con el brazo en alto trepado en las cuerdas, un cabizbajo Pacquiao, consolado por su equipo encabezado por Fredie Roach, demostraba con su actitud el peso de la derrota.

Cuando el anunciador presentó las tarjetas de los jueces de la pelea, 114-114, 115-113 y el tercero dio 116-112, todos esperábamos escuchar “and new…” pero cuando Michael Buffer pronunció la palabra “still” el primer sorprendido fue Manny Pacquiao, quien así retuvo el cinturón que lo acredita como el campeón de peso Welter de la Organización Mundial de Boxeo (OMB).

Los gritos de protesta no se hicieron esperar, el Pac-Man fue abucheado y agredido, las botellas de plástico cayendo sobre su cabeza, y Juan Manuel Márquez dolido y decepcionado por ese tipo de decisiones que hacen que el box pierda credibilidad.

Aunque la fiesta mexicana se echó a perder, los gritos de Márquez y de México retumbando en el MGM Grand, para quitarse el coraje los turistas se desquitaron con las máquinas tragamonedas, con el poker y la ruleta, sintiéndose víctimas, otra vez, de un robo en despoblado. @

No sabía nada de logotipo del PRI

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El boxeador Juan Manuel Márquez se deslinda del logotipo que apareció del Partido Revolucionario Institucional (PRI) durante su combate ante el filipino Manny Pacquiao, pero con transmisión abierta por Televisión Azteca, a horas de realizarse las votaciones para elegir gobernador de Michoacán.

“Yo no hice proselitismo, ni nada. No sabía que había elecciones en Michoacán. Parte de mi equipo me puso el parche, y yo ni me di cuenta. Estaba centrado en la pelea. Pero creo que aquí no se dañó a nadie. Me subí sin apoyar a ningún partido, me subí a hacer mi trabajo. Además fue en Estados Unidos y esto lo veremos con los abogados”, explica Dinamita Márquez.

Al momento de subir al ring para enfrentar al pugilista tagalo, Juan Manuel mostró un parche del PRI en la pierna izquierda de su calzoncillo. Durante todo el combate se mostró una y otra vez este logotipo político.

La controversia aumentó porque la transmisión alcanzó millones de televisoras mexicanas y el Partido Acción Nacional levantó una queja ante el Instituto Electoral de Michoacán.

“Ni sabía que me habían puesto eso. Fue hasta que terminó la pelea que me dijeron que me iban a sancionar por eso. Yo pregunté ‘¿por qué? Además, peleé en Estados Unidos y no lo hice con ningún fin. Ni sabía que había elecciones en Michoacán”, reiteró Márquez.