El homicidio de Abel Martínez Beltrán, ocurrido a plena luz del día el domingo pasado, puso en evidencia que San Luis dejó de ser una ciudad tranquila, que la delincuencia organizada es una realidad y que nadie está exento de ser asesinado, aun así se tengan influencias en el ámbito policiaco, político y del bajo mundo.


“El Chapo” Martínez, como popularmente se le conocía, fue ejecutado alrededor del mediodía del domingo 5, enfrente del taller de carrocería de su propiedad, de la avenida Kino 26 y 27, en donde se reparaban todas las patrullas del 25 Ayuntamiento.
Es día por la mañana, hasta enfrente del taller llegó un sujeto con aspecto de cholo, con la cabeza rapada, quien esperó hasta que arribó al lugar Martínez Beltrán y sin mediar palabra le disparó de inmediato tres balazos en la cabeza, cayendo sin vida a un costado de la banqueta.
Testigos de la artera agresión, el hijo mayor de Martínez y un empleado de la carrocería se fueron detrás del sujeto que salió corriendo y a una cuadra del lugar se subió a un Camaro verde de modelo atrasado, donde un cómplice ya lo esperaba al volante con el vehículo encendido.
Durante la persecución, los agresores dispararon en repetidas ocasiones e contra de la Jeep Cherokee en la que eran perseguidos, logrando impactar la unidad en el parabrisas.
En su loca huida, los sicarios detuvieron la marcha frente a una casa abandonada en el callejón Juárez 23 y 24, ahí el autor de la agresión se quitó la ropa y arrojó el arma calibre .40 mientras que su cómplice huyó hacia el motel Continental, donde fue asegurado por elementos de la Policía Municipal.
Gracias a la oportuna reacción de los afectados y de la rápida reacción de los municipales, los tipos pudieron ser arrestados y puestos a disposición del Ministerio Público del Fuero Común (MPFC) acusados del delito de homicidio agravado.
Jorge Heriberto de la Cruz Robles, quien accionó el arma de fuego en contra del Chapo Martínez , y Jorge Andrés Rangel Hernández, su cómplice, dijeron ser procedentes de Ensenada, Baja California, pero sobre el móvil del crimen dijeron versiones contradictorias.
De manera extraoficial, trascendió que por “jale” les pagarían 20 mil y 10 mil dólares, respectivamente, y que habrían sido contratados por una persona residente de San Luis Río Colorado.
Fuentes de inteligencia militar revelaron que se encontraban tras la pista de Martínez Beltrán por su presunto involucramiento en actividades de delincuencia organizada.
Esta información fue compartida por el general de la Guarnición Militar local, Raúl Güereca Valenzuela en la reunión del Consejo de Seguridad realizado en el Cuartel a inicios de esta semana, donde estuvieron presentes autoridades de los tres niveles de gobierno.
Las mismas fuentes confiaron que Martínez tendría relación con el decomiso de 240 mil dólares encontrados en la casa de Benjamín Ortega Cons, de oficio carrocero, en la avenida Oaxaca y 16, donde además los militares aseguraron vehículos doblados, 91 gramos de cristal, una pistola calibre 38 Súper “así como cuatro tapas forradas con material metálico y pegamento empleados por integrantes de la delincuencia organizada para compartimientos ocultos en dobles fondos para la transportación de droga y numerario americano…”.
“El Chapo” Martínez era muy conocido en el ámbito policiaco, primero como radiotécnico y amigo de los federales que llegaban a las oficinas de la Obregón y 12, y desde que inició la presente administración municipal cobró más relevancia por su cercanía con los directores de la Policía Municipal, tanto con Alejandro Tablero el que se fue, como de Luis Rodríguez, el actual.
Cielo, mar y tierra

En unas brechas del valle de San Luis, en las inmediaciones de la colonia Azteca y el Ejido Campillo Uno, en el lecho del Río Colorado, elementos del Ejército Mexicano y de la Policía Municipal aseguraron un avión ultraligero que se encontraba enterrado junto con un paquete de 5 kilos de mariguana.
El general de la plaza, Raúl Güereca, informó que la aeronave, con la que los narcos pasan la droga hacia los Estados Unidos por encima del cerco que divide ambos países, estaba equipada con una canastilla empleada para transportar la droga, además encontraron un casco de protección y dos bidones que contenían turbosina.