Confieso que al payaso Platanito no lo conocía. Soy uno de los quizá cientos de miles que nos enteramos de su patética existencia a través de las redes sociales, donde la desmesura del linchamiento hizo palidecer la estupidez del payaso, y resplandecer la estupidez de no pocos usuarios de las redes sociales, revelados como auténticos censores, asesinos y torturadores, en potencia.