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Sábado 19 de Mayo de 2012

Confieso que al payaso Platanito no lo conocía. Soy uno de los quizá cientos de miles que nos enteramos de su patética existencia a través de las redes sociales, donde la desmesura del linchamiento hizo palidecer la estupidez del payaso, y resplandecer la estupidez de no pocos usuarios de las redes sociales, revelados como auténticos censores, asesinos y torturadores, en potencia.

 

El tal Platanito, hay que decirlo, no es más ni menos que cualquier otro exponente de la comedia o los reality show de estos tiempos en la televisión nacional, que cotidianamente aparecen en la pantalla chica, en un desfile considerable de programas chatarra con los que se alimenta el espíritu de millones y millones de mexicanos que con ellos ríen y se carcajean de sus propias desgracias y de las ajenas.

¿Qué podría pedirle el tal Platanito a Cristina Saralegui o Laura Bozzo, si no es que la fórmula para incrementar sus puntos de rating, a partir de la explotación del morbo y la exacerbación de la miseria humana que mantiene a importantes sectores de la población mexicana pegados a las pantallas de sus televisores?
No vayamos muy lejos. En la radio y televisión de Sonora -privadas y estatales-, hay más de cuatro ejemplos, muy malogrados ciertamente, por ofrecer una alternativa de entretenimiento y humor, que terminan rayando en lo más corriente y chafa. Un atentado al más elemental buen gusto. Una basura que, sin embargo, sorpréndase usted, es la que tiene mayor audiencia.
El linchamiento mediático del tal Platanito incluye, desde luego, la demanda de que su programa sea retirado del aire, lo cual no estaría nada mal desde luego, aunque para ser parejos, habría de confeccionarse una lista de varias producciones televisivas y radiofónicas cuya desaparición resultaría muy saludable.
El error del ahora sí famoso payaso, consistió en contar un chiste de pésimo gusto acerca de los niños fallecidos en el incendio de la Guardería ABC, en Hermosillo, Sonora, el 5 de junio de 2009. Esto no significa que se puedan elaborar chistes de buen gusto a partir de una tragedia como esa, pero el humor negro se encuentra muy arraigado en la cultura popular mexicana, y eso ha dado pie a un lugar común que a la letra reza: “El mexicano es tan cabrón que se ríe de sus propias desgracias”. En sentido estricto, esto es una mentira. De lo que sí se ríe mucho el mexicano, es de las desgracias ajenas, con las que suele ser especialmente ácido.
En 1984, por ejemplo, comenzó a circular en las primitivas redes sociales de aquel entonces, un chiste a manera de pregunta:
-¿Cómo meterías a 20 habitantes de San Juanico en un Vocho?
-En el cenicero, era la respuesta.
El 19 de noviembre de ese año, varios tanques de almacenamiento de combustible en una planta de Pemex instalada ilegalmente en San Juan Ixhuatepec, en la zona metropolitana de la Ciudad de México, explotaron provocando la muerte de un número indeterminado de personas (se estima entre 500 y 600, entre carbonizados e intoxicados con gas propano), y dejando una estela de más de 2 mil heridos.
Esa tragedia, como la de ABC, se fue gestando entre la corrupción, el tráfico de influencias y el valemadrismo gubernamental.
El chiste del cenicero fue muy celebrado, aunque dudo mucho que así haya sido entre los deudos de los muertos de San Juanico, que por cierto se la cobraron un año después, cuando hicieron circular la especie de que estaban muy enojados con los chilangos de Tlatelolco, “porque éstos no los habían invitado a la movida”.
Con ello se referían a los sismos de 1985 en el DF, que dejaron una cifra estimada en 10 mil muertos.
En 1992, todo mundo acusaba a los tapatíos de egoístas, “porque no invitaron a nadie a su reventón”. Y con ello se aludía a las explosiones provocadas por una fuga masiva de combustible en el drenaje de ese sector de la ciudad de Guadalajara, que dejó un saldo oficial de 214 muertos y un centenar de lesionados graves.
Con esto no pretendo en modo alguno, justificar el deplorable sentido del humor del payaso hoy en la picota, pero considero que tampoco debe sobredimensionarse. Es absolutamente comprensible la indignación de padres y familiares de las víctimas de ABC, y suscribo sus exigencias.
Lo que no me convence son algunas expresiones difundidas masivamente, como las del periodista y escritor Jaime Muñoz Vargas, de Gómez Palacio, Durango, quien escribió y difundió una carta dirigida al payaso de marras, que comienza así:
Despreciable hijo de puta:
Disculpa la entrada de esta carta, pero creo que no mereces menos, hijo de puta. De hecho, creo que decirte hijo de puta es elogiarte, pero bueno, no encuentro de momento, al calor de mi indignación, una fórmula retórica menos delicada para dirigirme a ti, grandísimo hijo de puta.
Reír como lo hiciste, hijo de puta, con la mayor tragedia mexicana en la historia de las tragedias que involucran niños y en este caso casi bebés, no recibirá perdón de nadie. Ni el más cínico de los cínicos, creo, podría defenderte. No se necesita ser inteligente, sino mínimamente sensible, para advertir, hijo de puta, que la tragedia de la Guardería ABC no es un tema para armar chistes...
Este texto es una oda a la mesura, comparado con algunas expresiones que estuvieron circulando profusamente en Twitter la noche del domingo pasado, y que motivaron la elaboración y difusión de una carta por parte del cuestionado payaso, que lo pinta de cuerpo entero y donde sostiene entre otras cosas que sacar del aire su programa no acabará con los problemas en el país; ofrece disculpas a los ofendidos y se compromete a ser mejor cada día, definiéndose como un personaje “irreverentemente divertido”, entre otras sandeces.
El caso es que las redes sociales detonaron un tema que se multiplicó posteriormente en medios de comunicación impresos y electrónicos, convirtiéndose en una densa cortina de humo tras la cual se perdieron los temas de la agenda nacional, particularmente aquellos relacionados con una sucesión presidencial podrida…
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